viernes, 23 de septiembre de 2016

Comunidad de Propósito: constitución y entorno de la inteligencia humana.

En lo general, una comunidad es un conjunto de personas que “viven” juntas bajo ciertas reglas y que tienen los mismos intereses. Es un grupo social del que forma parte el sujeto, otorgándole una identidad más extensa que la percepción de individuo, ya que desde el colectivo se convierte en miembro (parte) de una entidad más amplia que supera el hecho de “ser persona”.
Las Comunidades de Propósito tienen grandes similitudes a las tradicionales “Comunidades Religiosas”. Estas últimas son asociaciones religiosas que se proponen alcanzar un fin religioso mediante la vida común. Así, las Comunidades de Propósito son grupos sociales, corporaciones o sociedades, cuya vida en común, sustentada en una sólida estructura comunitaria, en el esfuerzo colaborativo y solidario, así como en la observancia de una serie de principios y valores éticos colectivamente aceptados como propios, les permite perseguir un propósito colectivo que les convoca, les une y les proporciona semejanza e identidad, generando una sinergia de la fusión, que les permite alcanzar con éxito aspiraciones y anhelos que en lo individual no podrían.
En el sentido más amplio, una comunidad de propósito es aquella entidad humana que busca alcanzar el bienestar común. Su principio generativo entonces, obedece a uno de los anhelos principales de la humanidad: el bien común.
Una comunidad de propósito es un “espacio seguro” para la convivencia humana, en el que se expresa y se realiza el potencial de todos sus miembros, desde la perspectiva de que “unidos son más” y que juntos pueden construir destinos mucho más ambiciosos para todos.
Es un “lugar de potencial realizado” en el que la autonomía, la colaboración, la transparencia, la responsabilidad, la solidaridad, la equidad, la confianza, el compromiso y, sobre todo, el amor; impulsan “la mejor expresión de la persona” y provocan la “sinergia base” de un verdadero equipo de alto rendimiento, en permanente armonía con su medio ambiente.
Pero, quizá para mejor entender a una comunidad de propósito, sea necesario revisar algunas partes de esa estructura comunitaria que la soporta y le da posibilidades de sustentabilidad. Así, me refiero a una comunidad en apertura, base de las comunidades abiertas al aprendizaje y origen generativo de las Organizaciones Inteligentes.

Resultado de imagen para Peter SengeEn la filosofía de Peter Senge, una Organización Inteligente es aquella que busca asegurar en el día a día, que todos sus miembros estén aprendiendo y reaprendiendo, al poner en práctica todo el potencial de sus capacidades. Es por ello que es muy representativo de este tipo de organizaciones su capacidad de comprender la complejidad, la forma en que sus miembros son capaces de asumir compromisos, de enfrentar sus responsabilidades con pasión y entrega, de buscar el continuo auto-crecimiento y de cultivar la auto-evaluación como condición sine qua non para ello, de crear sinergias a través del verdadero trabajo en equipo (basado en la complementariedad y la solidaridad, manifiestas y permanentes).
Resultado de imagen para Peter Senge LibrosPara Senge, las Organizaciones Inteligentes son aquellas capaces de aprender y reaprender, en un ciclo permanente de Aprendizaje en Equipo, permitiendo así expandir sus posibilidades de crecimiento y de éxito. Según el autor, no basta con adaptarse y sobrevivir, las organizaciones del Siglo XXI deben anhelar y luchar por potenciar sus capacidades de crear y de innovar, para poder estar a la cabeza del esfuerzo humano comprometido con el bienestar común. Para él, la construcción de una organización con auténtica vocación de aprendizaje y transformación se basa en cinco disciplinas: dominio personal, modelos mentales, visión compartida, trabajo en equipo y pensamiento sistémico (La Quinta Disciplina).
Por tanto, toda organización que presuma de ser una Organización Inteligente debe ser y comportarse permanentemente como una Organización abierta al Aprendizaje. Una organización que “rinda culto” al saber humano de la mejor forma posible: haciendo del conocimiento una práctica cotidiana y una herramienta de superación constante y realización.
La Organización abierta al Aprendizaje responde a una estructura integrada que actúa como un todo (expresión sistémica de la organización), capaz de construir permanentemente la habilidad de cambiar la esencia de su carácter (forjar su destino). Sustentada en grades principios y valores observados por todos, se basa en su capital social en constante crecimiento y su anhelo legítimo y comprometido con el bienestar común. No le faltan estructuras organizacionales, políticas, hábitos, sistemas, métodos y programas que apoyen y aceleren el aprendizaje organizacional, pero todo ello está alineado a su propósito generativo y a su expresión ética manifiesta.
Estas organizaciones son muy flexibles y llanas (alejadas totalmente del burocratismo). En ellas se práctica el alto rendimiento a través del trabajo en equipo. Se valora la formación continua de habilidades y se está en constante fortalecimiento de las competencias implícitas. La gente es altamente responsable y auto-disciplinada, ya que están convencidas de lo que persiguen y comprometidas con su logro, además de tener alineadas a este propósito central, sus propias aspiraciones personales. Hay un fuerte enfoque en el “cliente”, que sustenta el esfuerzo y se constituye en el factor principal para bien aprovechar cualquier oportunidad de superar sus expectativas. Pero, sobre todo, existe una firme intención de privilegiar al “ser humano” como factor central de la naturaleza generativa de la organización, por lo que su bienestar constituye el fin último al que aspiran todos y la guía permanente de actuación y logro.
Y así llegamos a las Organizaciones en Apertura. Para Charlene Li (Liderazgo Abierto, Ediciones Granica, Buenos Aires, 2014), a medida que clientes y empleados estén más dispuestos a usar las tecnologías sociales y otras herramientas emergentes, la organización se sentirá más obligada a ser más abierta y a adoptar posturas con las que quizá no se sienta cómoda. Su inclinación natural a lo tradicional puede llevarla (y seguramente la llevará) a luchar contra esta tendencia y a creer que se trata de una moda pasajera que será superada o simplemente desaparecerá.
Sin embargo, está más que visto que esta apertura, provocada por las tecnologías de información y comunicación, así como por la evolución de las políticas públicas y los nuevos retos del Siglo XXI, es una tendencia inevitable, impostergable e irreversible.
Por tanto, según la autora, esta apertura no debería ser un mantra ni una filosofía, sino un enfoque riguroso de la estrategia y el liderazgo, que produzca resultados reales. Para ella, la apertura necesaria no significa transparencia total y la apertura completa, donde todas las personas, desde los clientes hasta los competidores, tengan acceso a la información y todas estén involucradas en las decisiones. Una apertura extrema tan poco realista es insostenible para una empresa con capacidad de ejecutar y mantener su ventaja competitiva.
Una Organización en Apertura es aquella que se transforma a partir de la confianza y el compromiso de su gente, fundamentándose en el amor entre las personas, la transparencia en su actuación y la autonomía de aquel que sabe lo que tiene que hacer y para que lo tiene que hacer.
Según los estudiosos en la materia, para que las organizaciones tradicionales puedan evolucionar a organizaciones en apertura, estas a su vez se transformen en verdaderas organizaciones abiertas al aprendizaje, y ello les propicie posibilidades reales de constituirse y operar como una organización inteligente (es decir, desarrollen su capacidad de aprendizaje, mejor gestionen el conocimiento y practiquen día a día el “vivir en comunidad”); es necesario que cambien su visión del trabajo y transiten de un enfoque instrumental hacia una visión que integra sus beneficios intrínsecos, aquellos que guardan una mayor coherencia con las aspiraciones humanas y que no sólo se restringen a la satisfacción de las necesidades más básicas, logrando así la Humanización de las Organizaciones del Siglo XXI, como paso obligado en la evolución de la Humanidad.
Por tanto, una Comunidad de Propósito es una Organización Inteligente, abierta al aprendizaje y al cambio profundo, en la que existen espacios abiertos y seguros que impulsan a la creatividad y la innovación, están a la vanguardia en cuanto a tecnologías de información y comunicación y demás herramientas que impulsan la transformación organizacional hacia escenarios mucho más humanistas, participativos y comprometidos, donde florezca el potencial realizado y se cultive una cultura de comunidad (capital social) a partir de la colaboración solidaria y el desempeño ético. Es aquella organización (o parte de ella) que centra su responsabilidad social en el bienestar humano y la materializa en la consecución de su propósito generativo.

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