En lo general, una comunidad es
un conjunto de personas que “viven” juntas bajo ciertas reglas y que tienen los
mismos intereses. Es un grupo social del que forma parte el sujeto, otorgándole
una identidad más extensa que la percepción de individuo, ya que desde el
colectivo se convierte en miembro (parte) de una entidad más amplia que supera
el hecho de “ser persona”.
Las Comunidades de Propósito tienen grandes similitudes a las
tradicionales “Comunidades Religiosas”. Estas últimas son asociaciones
religiosas que se proponen alcanzar un fin religioso mediante la vida común.
Así, las Comunidades de Propósito son grupos sociales, corporaciones o
sociedades, cuya vida en común, sustentada en una sólida estructura
comunitaria, en el esfuerzo colaborativo y solidario, así como en la
observancia de una serie de principios y valores éticos colectivamente
aceptados como propios, les permite perseguir un propósito colectivo que les
convoca, les une y les proporciona semejanza e identidad, generando una
sinergia de la fusión, que les permite alcanzar con éxito aspiraciones y
anhelos que en lo individual no podrían.
En el sentido más amplio, una
comunidad de propósito es aquella entidad humana que busca alcanzar el
bienestar común. Su principio generativo entonces, obedece a uno de los anhelos
principales de la humanidad: el bien común.
Una comunidad de propósito es un “espacio seguro” para la convivencia
humana, en el que se expresa y se realiza el potencial de todos sus miembros,
desde la perspectiva de que “unidos son más” y que juntos pueden construir
destinos mucho más ambiciosos para todos.
Es un “lugar de potencial realizado” en el que la autonomía, la colaboración,
la transparencia, la responsabilidad, la solidaridad, la equidad, la confianza,
el compromiso y, sobre todo, el amor; impulsan “la mejor expresión de la
persona” y provocan la “sinergia base” de un verdadero equipo de alto
rendimiento, en permanente armonía con su medio ambiente.
Para Senge, las Organizaciones Inteligentes son aquellas capaces de aprender y reaprender, en un ciclo permanente de Aprendizaje en Equipo, permitiendo así expandir sus posibilidades de crecimiento y de éxito. Según el autor, no basta con adaptarse y sobrevivir, las organizaciones del Siglo XXI deben anhelar y luchar por potenciar sus capacidades de crear y de innovar, para poder estar a la cabeza del esfuerzo humano comprometido con el bienestar común. Para él, la construcción de una organización con auténtica vocación de aprendizaje y transformación se basa en cinco disciplinas: dominio personal, modelos mentales, visión compartida, trabajo en equipo y pensamiento sistémico (La Quinta Disciplina).
Por tanto, toda organización que
presuma de ser una Organización
Inteligente debe ser y comportarse permanentemente como una Organización abierta al Aprendizaje.
Una organización que “rinda culto” al saber humano de la mejor forma posible: haciendo del conocimiento una práctica
cotidiana y una herramienta de superación constante y realización.
La Organización abierta al Aprendizaje responde a una estructura
integrada que actúa como un todo (expresión sistémica de la organización),
capaz de construir permanentemente la habilidad de cambiar la esencia de su
carácter (forjar su destino). Sustentada en grades principios y valores
observados por todos, se basa en su capital social en constante crecimiento y
su anhelo legítimo y comprometido con el bienestar común. No le faltan estructuras
organizacionales, políticas, hábitos, sistemas, métodos y programas que apoyen
y aceleren el aprendizaje organizacional, pero todo ello está alineado a su
propósito generativo y a su expresión ética manifiesta.
Estas organizaciones son muy
flexibles y llanas (alejadas totalmente del burocratismo). En ellas se práctica
el alto rendimiento a través del trabajo en equipo. Se valora la formación continua
de habilidades y se está en constante fortalecimiento de las competencias
implícitas. La gente es altamente responsable y auto-disciplinada, ya que están
convencidas de lo que persiguen y comprometidas con su logro, además de tener
alineadas a este propósito central, sus propias aspiraciones personales. Hay un
fuerte enfoque en el “cliente”, que sustenta el esfuerzo y se constituye en el
factor principal para bien aprovechar cualquier oportunidad de superar sus
expectativas. Pero, sobre todo, existe una firme intención de privilegiar al “ser
humano” como factor central de la naturaleza generativa de la organización, por
lo que su bienestar constituye el fin último al que aspiran todos y la guía
permanente de actuación y logro.
Y así llegamos a las Organizaciones en Apertura. Para Charlene
Li (Liderazgo Abierto, Ediciones
Granica, Buenos Aires, 2014), a medida
que clientes y empleados estén más dispuestos a usar las tecnologías sociales y
otras herramientas emergentes, la organización se sentirá más obligada a ser
más abierta y a adoptar posturas con las que quizá no se sienta cómoda. Su
inclinación natural a lo tradicional puede llevarla (y seguramente la llevará)
a luchar contra esta tendencia y a creer que se trata de una moda pasajera que
será superada o simplemente desaparecerá.
Sin embargo, está más que visto que esta
apertura, provocada por las tecnologías de información y comunicación, así como
por la evolución de las políticas públicas y los nuevos retos del Siglo XXI, es
una tendencia inevitable, impostergable e irreversible.
Una Organización en Apertura es
aquella que se transforma a partir de la confianza y el compromiso de su gente,
fundamentándose en el amor entre las personas, la transparencia en su actuación
y la autonomía de aquel que sabe lo que tiene que hacer y para que lo tiene que
hacer.
Según los estudiosos en la materia, para que las organizaciones tradicionales puedan evolucionar a organizaciones en apertura, estas a su vez se transformen en verdaderas organizaciones abiertas al aprendizaje, y ello les propicie posibilidades reales de constituirse y operar como una organización inteligente (es decir, desarrollen su capacidad de aprendizaje, mejor gestionen el conocimiento y practiquen día a día el “vivir en comunidad”); es necesario que cambien su visión del trabajo y transiten de un enfoque instrumental hacia una visión que integra sus beneficios intrínsecos, aquellos que guardan una mayor coherencia con las aspiraciones humanas y que no sólo se restringen a la satisfacción de las necesidades más básicas, logrando así la Humanización de las Organizaciones del Siglo XXI, como paso obligado en la evolución de la Humanidad.
Según los estudiosos en la materia, para que las organizaciones tradicionales puedan evolucionar a organizaciones en apertura, estas a su vez se transformen en verdaderas organizaciones abiertas al aprendizaje, y ello les propicie posibilidades reales de constituirse y operar como una organización inteligente (es decir, desarrollen su capacidad de aprendizaje, mejor gestionen el conocimiento y practiquen día a día el “vivir en comunidad”); es necesario que cambien su visión del trabajo y transiten de un enfoque instrumental hacia una visión que integra sus beneficios intrínsecos, aquellos que guardan una mayor coherencia con las aspiraciones humanas y que no sólo se restringen a la satisfacción de las necesidades más básicas, logrando así la Humanización de las Organizaciones del Siglo XXI, como paso obligado en la evolución de la Humanidad.
Por tanto, una Comunidad de Propósito es una Organización Inteligente, abierta al
aprendizaje y al cambio profundo, en la que existen espacios abiertos y seguros
que impulsan a la creatividad y la innovación, están a la vanguardia en cuanto
a tecnologías de información y comunicación y demás herramientas que impulsan
la transformación organizacional hacia escenarios mucho más humanistas, participativos
y comprometidos, donde florezca el potencial realizado y se cultive una cultura
de comunidad (capital social) a partir de la colaboración solidaria y el
desempeño ético. Es aquella organización (o parte de ella) que centra su
responsabilidad social en el bienestar humano y la materializa en la consecución
de su propósito generativo.
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